jueves, 14 de octubre de 2010

Los Cuadernos de Don Rigoberto

Extracto del libro de Vargas LLosa "Los Cuadernos de Don Rigoberto" en el que uno de sus personajes hace una diátriba contra el deporte:

"Sí, efectivamente, en su atrofiado intelecto se ha hecho la luz: tengo a la práctica de los deportes en general, y al culto de la práctica de los deportes en particular, por formas extremas de la imbecilidad que acercan al ser humano al carnero, las ocas y la hormiga, tres instancias agravadas del gregarismo animal. Calme usted sus ansias cachascanistas de triturarme, y escuche, ya hablaremos de los griegos y del hipócrita mens sana in corpore sano dentro de un momento. Antes, debo decirle que los únicos deportes a los que exonero de la picota son los de mesa (excluido el ping-pong) y de cama (incluida, por supuesto, la masturbación). A los otros, la cultura contemporánea los ha convertido en obstáculos para el desenvolvimiento del espíritu, la sensibilidad y la imaginación (y, por tanto, del placer). Pero, sobre todo, de la conciencia y la libertad individual. Nada ha contribuido tanto en este tiempo, más aún que las ideologías y religiones, a promover el despreciable hombre-masa, el robot de condicionados reflejos, a la resurrección de la cultura del primate de tatuaje y taparrabos emboscados detrás de la fachada de la modernidad, como la divinización de los ejercicios y juegos físicos operada por la sociedad de nuestros días. (....)

No conozco mentira más abyecta que la expresión con que se alecciona a los niños: «Mente sana en cuerpo sano». ¿Quién ha dicho que una mente sana es un ideal deseable? «Sana» quiere decir, en este caso, tonta, convencional, sin imaginación y sin malicia, adocenada por los estereotipos de la moral establecida y la religión oficial. ¿Mente «sana», eso? Mente conformista, de beata, de notario, de asegurador, de monaguillo, de virgen y de boyscout. Eso no es salud, es tara. Una vida mental rica y propia exige curiosidad, malicia, fantasía y deseos insatisfechos, es decir, una mente «sucia», malos pensamientos, floración de imágenes prohibidas, apetitos que induzcan a explorar lo desconocido y a renovar lo conocido, desacatos sistemáticos a las ideas heredadas, los conocimientos manoseados y los valores en boga.
Ahora bien, tampoco es cierto que la práctica de los deportes en nuestra época cree mentes sanas en el sentido banal del término. Ocurre lo contrario, y lo sabes mejor que nadie, tú, que, por ganar los cien metros planos del domingo, meterías arsénico y cianuro en la sopa de tu competidor y te tragarías todos los estupefacientes vegetales, químicos o mágicos que te garanticen la victoria, y corromperías a los arbitros o los chantajearías, urdirías conjuras médicas o legales que descalificaran a tus adversarios, y que vives neurotizado por la fijación en la victoria, el récord, la medalla, el podium, algo que ha hecho de ti, deportista profesional, una bestia mediática, un antisocial, un nervioso, un histérico, un psicópata, en el polo opuesto de ese ser sociable, generoso, altruista, «sano», al que quiere aludir el imbécil que se atreve todavía a emplear la expresión «espíritu deportivo» en el sentido de noble atleta cargado de virtudes civiles, cuando lo que se agazapa tras ella es un asesino potencial dispuesto a exterminar arbitros, achicharrar a todos los fanáticos del otro equipo, devastar los estadios y ciudades que los albergan y provocar el apocalíptico final, ni siquiera por el elevado propósito artístico que presidió el incendio de Roma por el poeta Nerón, sino para que su Club cargue una copa de falsa plata o ver a sus once ídolos subidos en un podio, flamantes de ridículo en sus calzones y camisetas rayadas, las manos en el pecho y los ojos encandilados ¡cantando un himno nacional."

2 comentarios:

  1. Para comenzar empezaré diciendo que la opinión de este señor que transmite a través de uno de los personajes de su obra es totalmente respetable, teniendo en cuenta además el estatus alcanzado recientemente por el mismo.

    Me gustaría, por empezar por algún sitio, citar la siguiente frase del texto en cuestión: “tengo a la práctica de los deportes en general, y al culto de la práctica de los deportes en particular, por formas extremas de la imbecilidad que acercan al ser humano al carnero, las ocas y la hormiga, tres instancias agravadas del gregarismo animal”. Si leemos atentamente la frase veremos que se refiere a la práctica deportiva y al culto que la sociedad actual realiza a la misma. Todos tenemos en mente el fanatismo de muchos seguidores y aficiones enteras, y cómo además es el escenario donde se muestran ciertas repercusiones del ámbito político y social. Cercano tenemos el ejemplo del partido recientemente suspendido de clasificación para la Eurocopa entre Italia y Servia.

    Sinceramente, creo que en este sentido tiene toda la razón, y comparto lo que dice con posterioridad haciendo referencia a que supone un impedimento a la hora de desarrollar el espíritu, la sensibilidad y la imaginación. No estoy tan de acuerdo cuando se refiere al placer, ya que a través de muchos caminos se puede alcanzar éste mediante de la práctica deportiva, eso sí, sin que sea ésta necesariamente el medio de obtención de este placer.

    Para justificar en mayor medida mi opinión señalaré otro fragmento del texto: “lo sabes mejor que nadie, tú, que, por ganar los cien metros planos del domingo, meterías arsénico y cianuro en la sopa de tu competidor y te tragarías todos los estupefacientes vegetales, químicos o mágicos que te garanticen la victoria, y corromperías a los árbitros o los chantajearías, urdirías conjuras médicas o legales que descalificaran a tus adversarios, y que vives neurotizado por la fijación en la victoria, el récord, la medalla, el podium, algo que ha hecho de ti, deportista profesional, una bestia mediática, un antisocial, un nervioso, un histérico, un psicópata, en el polo opuesto de ese ser sociable, generoso, altruista, «sano», al que quiere aludir el imbécil que se atreve todavía a emplear la expresión «espíritu deportivo» en el sentido de noble atleta cargado de virtudes civiles, cuando lo que se agazapa tras ella es un asesino potencial dispuesto a exterminar árbitros, achicharrar a todos los fanáticos del otro equipo”. Vemos como en este fragmento, y si que es cierto empleando alguna exageración, como pone de manifiesto lo que muchos deportistas estarían dispuestos a hacer, y de hecho ya muchos han puesto en práctica, para obtener la victoria y con ello, en muchas ocasiones, los beneficios que conlleva, como pueden ser los económicos, la admiración y el prestigio social, etc.

    Por un lado, y pensando en los grandes deportes de masas, creo que refleja una realidad indiscutible y una crítica totalmente aceptable. En el momento el deporte se convierte en un negocio y una religión deja automáticamente de serlo y consecuentemente dejará de tener esos beneficios que tantos de nosotros hemos experimentado y tan recomendables son para la sociedad.

    Por otra parte, considero que hay una gran cantidad de deportes y de deportistas que no han traspasado esta frontera y siguen gozando de los beneficios de la práctica deportiva y la realización de ejercicio y actividad física, lo que sin duda si que nos proporcionará un gran placer, quizás no más que la masturbación en la cama (como comenta el propio personaje), pero sin duda en muchas ocasiones más que la adquisición de nuevos conocimientos.

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