Para comenzar empezaré diciendo que la opinión de este señor que transmite a través de uno de los personajes de su obra es totalmente respetable, teniendo en cuenta además el estatus alcanzado recientemente por el mismo.
Me gustaría, por empezar por algún sitio, citar la siguiente frase del texto en cuestión: “tengo a la práctica de los deportes en general, y al culto de la práctica de los deportes en particular, por formas extremas de la imbecilidad que acercan al ser humano al carnero, las ocas y la hormiga, tres instancias agravadas del gregarismo animal”. Si leemos atentamente la frase veremos que se refiere a la práctica deportiva y al culto que la sociedad actual realiza a la misma. Todos tenemos en mente el fanatismo de muchos seguidores y aficiones enteras, y cómo además es el escenario donde se muestran ciertas repercusiones del ámbito político y social. Cercano tenemos el ejemplo del partido recientemente suspendido de clasificación para la Eurocopa entre Italia y Servia.
Sinceramente, creo que en este sentido tiene toda la razón, y comparto lo que dice con posterioridad haciendo referencia a que supone un impedimento a la hora de desarrollar el espíritu, la sensibilidad y la imaginación. No estoy tan de acuerdo cuando se refiere al placer, ya que a través de muchos caminos se puede alcanzar éste mediante de la práctica deportiva, eso sí, sin que sea ésta necesariamente el medio de obtención de este placer.
Para justificar en mayor medida mi opinión señalaré otro fragmento del texto: “lo sabes mejor que nadie, tú, que, por ganar los cien metros planos del domingo, meterías arsénico y cianuro en la sopa de tu competidor y te tragarías todos los estupefacientes vegetales, químicos o mágicos que te garanticen la victoria, y corromperías a los árbitros o los chantajearías, urdirías conjuras médicas o legales que descalificaran a tus adversarios, y que vives neurotizado por la fijación en la victoria, el récord, la medalla, el podium, algo que ha hecho de ti, deportista profesional, una bestia mediática, un antisocial, un nervioso, un histérico, un psicópata, en el polo opuesto de ese ser sociable, generoso, altruista, «sano», al que quiere aludir el imbécil que se atreve todavía a emplear la expresión «espíritu deportivo» en el sentido de noble atleta cargado de virtudes civiles, cuando lo que se agazapa tras ella es un asesino potencial dispuesto a exterminar árbitros, achicharrar a todos los fanáticos del otro equipo”. Vemos como en este fragmento, y si que es cierto empleando alguna exageración, como pone de manifiesto lo que muchos deportistas estarían dispuestos a hacer, y de hecho ya muchos han puesto en práctica, para obtener la victoria y con ello, en muchas ocasiones, los beneficios que conlleva, como pueden ser los económicos, la admiración y el prestigio social, etc.
Por un lado, y pensando en los grandes deportes de masas, creo que refleja una realidad indiscutible y una crítica totalmente aceptable. En el momento el deporte se convierte en un negocio y una religión deja automáticamente de serlo y consecuentemente dejará de tener esos beneficios que tantos de nosotros hemos experimentado y tan recomendables son para la sociedad.
Por otra parte, considero que hay una gran cantidad de deportes y de deportistas que no han traspasado esta frontera y siguen gozando de los beneficios de la práctica deportiva y la realización de ejercicio y actividad física, lo que sin duda si que nos proporcionará un gran placer, quizás no más que la masturbación en la cama (como comenta el propio personaje), pero sin duda en muchas ocasiones más que la adquisición de nuevos conocimientos.
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