martes, 22 de febrero de 2011

CONSTRUCCION SOCIAL DE GENERO

“Recuerdo aquella final del campeonato estatal de 1990 que tuvo lugar en Madrid. Yo estaba en mi último año de carrera en el INEF de Barcelona. Aquélla iba a ser una gran final porque siempre había existido mucha rivalidad entre nosotras y el equipo de Madrid. Por entonces jugaba de tercera ala titular y nuestra tercera llave ya había anunciado que le era totalmente imposible ir a Madrid aquel fin de semana. Así que nuestro entrenador había propuesto a Alexandra para jugar en esa posición. Alexandra era nuestra mejor segunda línea: alta, bien proporcionada, piel color aceituna, cabello largo, rizado, negro y unos ojos azules transparentes en los cuales era fácil perderse.
Alexandra venía a representar, en definitiva, el tipo de mujer que cualquiera del equipo deseaba tener como amiga o, incluso mejor, ser como ella. Además, su simpatía y humor irónico habían hecho de Alexandra una jugadora respetada y carismática. Aparte de ser una estudiante de Educación Física, como la mayoría de nosotras, Alexandra también se dedicaba a la danza. Trabajaba en una escuela de danza y hasta alguna vez había llegado a trabajar de modelo. Sin embargo, lo que yo más admiraba de Alexandra era esa actitud humilde que mantenía respecto a su aspecto físico. A menudo me preguntaba, ¿por qué le gustaba tanto jugar a rugby?
El cambio propuesto en la alineación era un riesgo y, a la vez, un reto para todo el equipo. Personalmente, me hacía mucha ilusión poder jugar de tercera línea con Alexandra; siempre nos habíamos entendido en el terreno de juego. Aunque nuestros intereses fuera del rugby se hubieran movido en diferentes direcciones, coincidíamos completamente en nuestro amor y sacrificio por este deporte. En muchas ocasiones, tanto ella como yo habíamos sido capaces de dejar estudios, trabajos y lo que hiciera falta por el bien del equipo. Las dos disfrutábamos con el contacto físico, los placajes y los agrupamientos, pero sobre todo era el trabajo colectivo de la delantera lo que más nos unía. No sabría explicar por qué, pero siempre me sentía a gusto jugando con ella y compartiendo los momentos más intensos de los partidos.
Inevitablemente, la preparación del partido de la final nos había unido más que nunca. La práctica de movimientos tácticos específicos de la tercera línea hizo que pasáramos mucho tiempo juntas leyendo y comprendiendo los movimientos de la una y de la otra. Llevábamos varios entrenamientos practicando una jugada que consistía en que ella cogía la pelota de sus pies desde la mêlée1, percutía contra la apertura contraria para desplazarla e inmediatamente buscaba al suelo formando un ruck para proteger la pelota con su cuerpo. “¡Montse! Recuerda que eres la primera ayuda de Alexandra; si tú no estás allí con ella cuando cae al suelo, le van a hacer daño; tienes que estar allí para protegerla y para que no nos roben el balón”, me solía gritar el entrenador en aquellos días de nervios previos al partido de la final.

Estamos en la final. Ayer, sin problemas, ganamos la semifinal y ahora nos enfrentamos al equipo rival de Madrid. Perdemos por una marca y nuestra delantera es claramente inferior en peso a la contraria. Alexandra y yo no paramos de clavar los tacos y poner nuestros cuerpos perpendiculares a la fuerza de empuje para evitar, como sea, retroceder. Es una mêlée a favor, no muy lejos de la línea de ensayo. Alexandra coge la pelota desde sus pies, se levanta, corre, percute con fuerza contra la apertura que la intenta placar e inmediatamente va al suelo para formar un agrupamiento espontáneo, protegiendo perfectamente la pelota con su cuerpo. Llego la primera y veo como una delantera contraria, que viene en fuera de juego, pisa con rabia el brazo de Alexandra. “¡Mierda! Pero ¿qué haces?”, le increpo. Ella me mira con expresión de entre soberbia y asco y sigue pisando, con muy mala leche, el brazo de Alexandra. No puedo evitarlo y, con toda mi rabia, le golpeo con la cabeza en su abdomen. Se agacha a tiempo para evitar la fuerza del impacto y con su puño derecho cerrado me sacude en la cara con tan mala suerte que me da en la nariz. Durante unos segundos noto un dolor intensísimo y creo que mi nariz va a estallar. El árbitro, obviamente, no ha visto nada y pita mêlée a favor de ellas. Furiosa, levanto la cabeza y la miro a los ojos imperturbablemente, sintiendo como la ira crece dentro de mí; balbuceo: “como te pille en un placaje, te juro que no te levantas más del suelo”. Alexandra se levanta y me ayuda con mi nariz que ha empezado a sangrar. Ella me dice: “Montse, no te preocupes, déjala tranquila, vamos a jugar y a ganar este partido. Pero antes es mejor que te pongas algo en la nariz”. Nuestro entrenador se acerca y sin casi avisarme me mete un líquido que pica y que reaviva por unos instantes el dolor en toda mi nariz, luego me pone un par de gasas para que se corte la hemorragia. Pasan unos minutos y ya estoy preparada para la siguiente mêlée.  Miro a Alexandra y le comento: “¡venga! vamos a ganar esta mêlée y a marcar de una vez por todas, ¡nosotras podemos!”. Ella me responde con una expresión de complicidad, “Mira, qué casualidad, esto es exactamente lo que llevo intentando hacer durante todo el partido”. Con una sonrisa amplia y reconfortante, coge la cintura de las dos segundas y hunde su cabeza entre ellas para prepararse para la mêlée.
Cuando el árbitro pita el final del partido, aún vamos una marca por debajo. Miro a Alexandra con una expresión de impotencia y desesperación. Nos miramos fijamente y no podemos evitar el abrazarnos con fuerza para consolarnos mutuamente. Entonces me doy cuenta de que es mi primer abrazo con ella, con un significado tan profundo e intenso. Realmente me consuela compartir la derrota y fundirme en un abrazo tan intenso con ella. “Ha sido un verdadero placer jugar a tu lado”, le susurro al oído mientras nuestros cuerpos se desenlazan. Ella me mira con sus ojos azules transparentes y abiertos mientras me contesta: “en mi vida me lo he pasado tan bien, gracias por estar siempre ahí, luchando, a mi lado”.

Martín Horcajo, M.(2006). Contribución del feminismo de la diferencia sexual a los análisis de genero en el deporte. Revista Internacional de Sociología (RIS). Nº 44, Mayo - Agosto, 111 - 131, ISSN 0034-9712.